En este mundo no tenemos una ciudad que permanezca para siempre,
sino que vamos en busca de la ciudad futura.
Hebreos 13: 14
Al comenzar a predicar, el pastor hace una dinámica en la que simula atender una llamada telefónica en la que una vendedora intentaba venderle un producto.
Seguramente les ha pasado alguna
vez, esto de sentirse obligados a tomar una decisión, que por otro lado puede
ser únicamente la de aceptar lo que se nos ofrece. En este tipo de
ofrecimiento, no vale otra respuesta que no sea, “si, pago”.
Esto es un reflejo más del tiempo
del impulso en el que vivimos actualmente. El tiempo en el cual las decisiones
se toman a partir de un impulso, el tiempo lo medimos de ese modo, nuestros
gastos los decidimos de esa manera y hasta los vínculos humanos se suelen
mediar con ese método. Una sociedad que
por otro lado nos dice que para “ser”, hay que “tener”. “Si tenés algo, sos alguien”.
Esta búsqueda desenfrenada nos
hace recordar que de la misma manera que antes las personas debían justificarse
frente a Dios, hoy necesitan justificarse ante la sociedad y el modo de hacerlo
es a través del consumo. Sólo quien compra y consume existe y así competimos
los unos con los otros, en esa alocada carrera en la que el mundo nos ha
metido.
Esto no es, ni más ni menos, que
intentar afirmar la vida a partir de algo que va y viene, como la capacidad de
consumo y de la posibilidad de acceder las cosas. Dos cosas absolutamente
inestables, que van y vienen todo el tiempo.
¿Nos damos cuenta?. Queremos
asegurarnos estabilidad a través de cosas absolutamente inestables y volátiles,
como el dinero y la posibilidad de tener.
Hay una dinámica que una vez
hemos hecho con los jóvenes y que consistía en hacer una lista de las cosas que
se llevarían, o que no quisieran perder en caso de tener que mudarse a una isla
desierta. El ejercicio valía sencillamente para poder dar cuenta de las cosas
que para ellos eran importantes realmente.
Tomando ese ejemplo, se hace
necesario mirar nuestras opciones y las apuestas que hacemos en la vida y más
aún ¿hacia dónde ellas nos conducen?. En palabras del texto bíblico de hoy
podríamos decir ¿Qué construimos en nuestra vida a partir de las opciones que
asumimos?
El corto texto bíblico que hoy
hemos compartido, nos habla de dos ciudades: una que no es para siempre y que
no permanece, la cual conocemos bastante bien a partir de las veces que nos
chocamos contra el muro a raíz de las búsquedas de seguridad en aquello que no
permanece.
La pregunta entonces es ¿De qué
se trata la ciudad futura de la que habla este texto bíblico? Sin dudas se
trata de una mirada hacia adelante y que incluye más que nuestras búsquedas
individuales y personalistas.
Lo bueno de pensar en una ciudad
futura es que hay mucho espacio para imaginar y pensar que las cosas sean
mejores y acorde a lo que Dios espera de su humanidad.
Una ciudad futura en la que haya
lugar para la fe, en la cual las personas respeten a Dios, son solidarios
frente a la necesidad de los más débiles y además aprenden a convivir con la
naturaleza y no solo servirse y abusar de ella. Una ciudad donde se supera las
diferencias y las viejas peleas y ya no hay reproches por cosas que pasaron
antes. Una ciudad donde no todos tengan que pensar de igual modo, pero sin
embargo pueden formar parte. Una ciudad en la que habite la paz de Dios, en la
que se pueda soñar, perdonar, tener esperanza y confianza en las personas. Un
lugar dónde nadie se abuse de los más débiles y lucre con el esfuerzo y el
trabajo de los demás. Una ciudad en la que todas las personas no ven únicamente
lo que falta por el simple hecho de reprochar a su hermano, sino que son
agradecidos a Dios por cada una de las cosas que tiene y que ha recibido a lo
largo de la vida.
Esa ciudad no será gobernada ni
por los palacios, ni por los cuarteles, ni por las financieras, sino
por Dios mismo que deja irradiar su luz.
Que increíble ciudad nos espera.
De todos modos somos conscientes
que no vivimos en esa ciudad, pero hay una excelente noticia y es que ya nos
estamos encaminando hacia ella. Día a día lo podemos hacer. La ciudad a la que
Dios nos invita es una promesa grande, que está pendiente, pero que a su vez se
puede ir cumpliendo con gestos concretos, porque tampoco es algo inalcanzable
que solo está lejos en el horizonte.
Dice el texto que no tenemos ciudad
que permanezca y nosotros en realidad podemos inclusive tratar de instalarnos
lo más cómodo posible, pensando sólo en nuestro propio bien, pero la pegunta es
si eso realmente es suficiente, si eso nos llena.
Desde nuestra fe somos llamados a
traspasar las fronteras de la comodidad, encaminarnos, acercarnos y
estrecharnos en búsqueda de esa ciudad futura, que está en el horizonte, pero
se acerca a nosotros cuando optamos por buscar una vida más cercana a los
planes de Dios.
Esa ciudad futura, de la esperanza,
del compromiso, de la gratitud, de la fe, de la confianza… es también posible
de ser vivida y celebrada también hoy, en comunidad y en medio de la sociedad.
Una parte de esa historia depende de nosotros.
Feliz día de Acción de gracias
para todos y que Dios nos bendiga.
Amén
No hay comentarios:
Publicar un comentario