¿Ser enviado para retornar o retornar para ser enviado?

Hay una canción del músico misionero Joselo Schuap, que cuenta la historia de un hombre al que todos consideraban “el loco del pueblo”. Un hombre al que todos ven como poca cosa y que en realidad hacían de todo para hacer de cuenta de que no existía. Las burlas y las carcajadas tenían la intención de disminuirlo en su humanidad, rebajarlo a la nada si fuera posible. Llevarlo casi al terreno de la no existencia, si fuera necesario. Colocarlo lo más lejos posible de toda convivencia social. El “loco del pueblo” pasaba sus días en una estación de servicio, viendo pasar a la gente, no tenía amigos, ni familia. Triste y muy solitaria era su vida y lo más duro de todo es que la historia es absolutamente real.

Con esta imágen, del hombre que existe, pero nadie quiere que exista, vamos a compartir el Evangelio de hoy en Lucas 17: 11 – 19

Lucas 17: 11 – 19:
En su camino a Jerusalén, Jesús pasó entre Samaria y Galilea. Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se quedaron a cierta distancia de él, y levantando la voz le dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Cuando él los vio, les dijo: «Vayan y preséntense ante los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras ellos iban de camino, quedaron limpios. Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, volvió alabando a Dios a voz en cuello, y rostro en tierra se arrojó a los pies de Jesús y le dio las gracias. Este hombre era samaritano. Jesús dijo: «¿No eran diez los que fueron limpiados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo quien volviera y alabara a Dios sino este extranjero?» Y al samaritano le dijo: «Levántate y vete. Tu fe te ha salvado».

Los leprosos eran como los locos del pueblo de la canción de Joselo Schuap. Totalmente aislados del mundo, con el agregado de que además se los consideraba culpables de su enfermedad. Socialmente se creía que las personas se enfermaban por castigo de Dios y por culpa de sus pecados. Los leprosos cargaban sobre sus espaldas un peso muy grande: el de sentirse lo peor de la sociedad y encima estaban convencido de que no tenían ningún tipo de derecho o posibilidad de vivir dígnamente. Por eso vivían aislados y lejos de todo. Estar enfermo de lepra era casi tener fimada una sentencia de muerte.

La ciudad del futuro

En este mundo no tenemos una ciudad que permanezca para siempre, sino que vamos en busca de la ciudad futura.
Hebreos 13: 14

Al comenzar a predicar, el pastor hace una dinámica en la que simula atender una llamada telefónica en la que una vendedora intentaba venderle un producto.
Seguramente les ha pasado alguna vez, esto de sentirse obligados a tomar una decisión, que por otro lado puede ser únicamente la de aceptar lo que se nos ofrece. En este tipo de ofrecimiento, no vale otra respuesta que no sea, “si, pago”.
Esto es un reflejo más del tiempo del impulso en el que vivimos actualmente. El tiempo en el cual las decisiones se toman a partir de un impulso, el tiempo lo medimos de ese modo, nuestros gastos los decidimos de esa manera y hasta los vínculos humanos se suelen mediar  con ese método. Una sociedad que por otro lado nos dice que para “ser”, hay que “tener”. “Si tenés algo, sos alguien”.
Esta búsqueda desenfrenada nos hace recordar que de la misma manera que antes las personas debían justificarse frente a Dios, hoy necesitan justificarse ante la sociedad y el modo de hacerlo es a través del consumo. Sólo quien compra y consume existe y así competimos los unos con los otros, en esa alocada carrera en la que el mundo nos ha metido.

Sosteniendo entre todos

(mensaje compartido en el culto de Pentecostés, celebrado por todas las comunidades de Misiones en la Fiesta Distrital celebrada en la comunidad de Montecarlo)

Hoy tengo en mis manos un vaso por la mitad. La mitad llena y la mitad vacía. ¿Cuál es la pregunta que todos estamos esperando?.
"¿Está medio lleno o medio vacío?"
Sin embargo, lo que yo voy a preguntar hoy es: - ¿Cuánto pesa este vaso?
(permitir que la gente arriesgue un resultado).
(Tener un sobre con el peso exacto escrito en un papel)
Así como el viejo dilema del vaso medio lleno o medio vacío, el peso en este caso es importante, para el ejemplo que vamos a tomar para el mensaje.
¿Por qué es importante el peso?
Vamos a pedir a nuestro voluntario que se acerque.
(Cuando el voluntario se acerca entregarle el vaso y pedirle que lo sostenga de modo que extienda su brazo, manteniendo el vaso en el aire.)
(Pedirle que avise cuando está cansado)
Se dan cuenta por qué el peso es importante.
El peso del vaso es de 250 gramos y puede parecer una pavada y una medida insignificante si lo comparamos con otros volúmenes de peso. Algo sencillo de sostener con la mano. Pero por supuesto que todo depende del tiempo que nos toque hacerlo y sobre todo, como en este caso, el modo de sostenerlo..
El peso verdadero de las cosas solamente lo podemos medir cuando nos toca sostenerlo y depende siempre del tiempo que lo tengo que hacer.