La semilla que muere para dar vida: reflexión sobre el texto de Juan 12: 20 - 33

No es necesario ser agricultor para saber que para que una semilla germine, necesita que se reúnan varias condiciones: que haya suelo fértil, que haya humedad suficiente, que haya calor y luz. En caso contrario la semilla no va a germinar y va a terminar quedando sola, depositada en la tierra.

A mi me gustaría que hoy nos imaginemos como semillas, pensando especialmente en las veces que hemos sembrado en la vida. De esas siembras, pensemos en las que han veces que nuestros sueños y nuestro esfuerzo de sembrar dio fruto, pero también las tantas veces que quedó nada más que en una siembra y aún queriendo, no hubo ningún fruto y ante una primera mirada, todo nuestro esfuerzo fue en vano.

En una de nuestras comunidades hicimos ese ejercicio la semana pasada durante un estudio bíblico y salieron las siguientes cosas:

Las siembras que dieron fruto:
“Mi trabajo”, “mi estudio”, “mi fe en Dios”, “comprender que yo puedo hacer cosas que antes creía que no podía”, “lograr incorporarme a la comunidad de la iglesia”, “ver crecer a quienes amo”, “ver como hombres y mujeres asumen responsabilidades dentro de la iglesia”, “haber podido dar una idea cristiana a mis hijos”, “mantener la armonía de la familia”, “aprendí a la fuerza a confiar siempre en Dios”...

Las semillas que todavía no crecieron:
“No pude convence a mi familia de acercarse a Dios”, “No pude mantener ciertos lazos de amistad”, “Sueño cosas muy grandes y cuando no las consigo me siento mal”, “A veces pienso donde está Dios”, “La difícil y aparente infructífera tarea de mantener la familia unida trás la pérdida de uno de sus miembros” “Me desepcionó conocer en parte nuestra sociedad ¿Tal vez sea mejor no ver todo eso?” “Mi sueño es convencer a mi familia para que se acerquen a Dios. Me siento desepcionada. ¿No será el tiemo?” “Hubo que despertar de algunos sueños”.

Quizás estas siembras nos ayuden a pensar en nuestros sueños cumplidos y aquellos que en este momento se nos presentan como frustraciones.

Si hacemos este ejercicio a la luz del texto bíblico nos vamos a dar cuenta que cuando vamos al versículo 24, el propio Jesús se compara con una semilla. Una semilla que debe morir para luego pasar a otra vida. Una nueva vida como resucitado y vivo en medio del mundo.

Si la semilla solo permanece siendo eso, semilla, nunca va a crecer. Hay momentos en los que debemos dejar de ser semilla y transformarnos en arbol. Hay que tener la sabiduría y la confianza en Dios para poder comprender que en determinados momentos de la vida (aunque sea muy cómodo para nosotros tal como es cómodo para la semilla seguir siendo semilla) tenemos que enfrentar cambiar de etapa, asumir otros roles, tomar nuevos compromisos, asumir riesgos... en todos los aspectos de la vida.

¿Será que a veces hay que perder cosas para ganar otras?
¿Será que a veces hay que fracasar para poder ver los frutos que nuestos ojos no logran ver?.
Claro, reconocer estas etapas implica bastante más que ponerse a pensar. A veces son procesos dolorosos y largos.

Recordemos el versículo: Jesús dijo: Les aseguro que si un grano de trigo no cae en la tierra y muere, sigue siendo un solo un grano, pero si muere, da vida en abundancia (v. 24)

¿Qué cosas en nosotros deben morir para que la vida sea más plena y más íntegra, más digna?
En el texto que compartimos recién, Jesús tiene plena conciencia de lo que estaba por venir. Aquella siembra de Dios debía germinar de un modo totalmente inesperado. Esa siembra que fue puesta en tierra iba a dejar de ser una semilla para dar más vida aún. La semilla moriría como semilla, para ser la base del arbol de nuestra vida. Si a nosotros esto nos resulta difícil de entender, imaginen lo que pudo haber sido para los discípulos. Jesús será ajusticiado en un juicio mentiroso y lleno de corrupción para que a partir de allí nadie más debiera estar pasando por lo mismo. Esa es la vida que se multiplica a partir de la resurrección. Nadie más debe pasar por lo mismo.

Aquella semilla única que Dios puso en la tierra estaba a punto de transformarse en algo nuevo. La resurrección de Jesús es algo nuevo. A partir de eso ya no vive lejos, sino que habita con nosotros para siempre.

En lo que hace a nuestras siembras, que mejor que mirar la siembra que hizo Dios a través de Jesús. Además para ejemplificar este tema quiero compartir con ustedes algo muy curioso, que sucede con una planta, que es el bambú japonés y que lo transforma en una planta no apta para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, al séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece más de 30 metros. ¿Tardó sólo seis semanas crecer?... No, la verdad es que tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos que todos, absolutamente todos tenemos, recordemos el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptemos que en tanto no bajemos los brazos ni abandonemos por no ver el resultado que esperamos, si está sucediendo algo, dentro nuestro...
Estamos creciendo, madurando.


Jesús es la semilla que dejó de ser semilla, cayó en tierra y germinó en su resurrección, para acompañar y ser un aliciente en nuestras siembras de todos los días. Él nos da esperanza y confianza. ¿Estamos dispuestos a buscar esto en Él?

Eugenio Albrecht
marzo de 2012

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