Cuando la situación es difícil... eres bienaventurado

Cuando la situación es difícil y no es posible de sostener. Cuando la pérdida es grande y no es fácil de superar. Cuando la enfermedad parece no dar nunca tregua. Cuando el camino se presenta lleno de obstáculos, uno tras otro... entonces el texto de Mateo 5: 1 - 12, referido a las bienaventuranzas, adquiere una perspectiva que se nos puede revelar como una fuente de fuerza, como una esperanza nueva, como una perspectiva de vida fortalecida por Dios.

Cuando Jesús vio a la multitud, subió al monte y se sentó. Entonces sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo:«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.»Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.»Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.»Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.»Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos serán tratados con misericordia.»Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.»Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.»Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.»Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal. Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes. (Mateo 5: 1 - 12)
Este texto de por sí posee una fuerza especial, una reserva de fortaleza. Es uno de esos textos que basta con leerlos para que nos sirvan de aliento, para tratar de seguir manteniendo la constancia, la esperanza y la fe respecto de las causas que la mayoría de la gente considera una causa perdida. Hoy nos debería quedar en claro que si mantenemos la fe no existe ninguna causa perdida.
Lo de hoy es un aliento para seguir adelante, a pesar de querer bajar los brazos: “los que ahora deben pasar por tal y tal cosa, luego estarán de tal y tal otra manera”, lo dice el propio Jesús. Pero ojo, porque no lo dice a modo de recompensa, como justificando el sufrimiento. A Dios no le agrada el sufrimiento y tampoco es una lotería, que al final te premia por tanta desgracia junta.
Además el sufrimiento y la pena no son una condición por los que sí o sí hay que pasar. Lo que está haciendo Jesús, es dar un consuelo y un aliciente para los que inevitablemente les toca tropezar y a veces pasarla bastante mal en la vida. Para ellos están dedicadas las bienaventuranzas, que son un mandato y una esperanza. Nos están diciendo que las penas no duran para siempre. Que Dios las acompaña y quiere fortalecernos, para darnos sobre todo sabiduría que nos permita encontrar pistas para enfrentar lo que no se sabe cómo enfrentar.

¿Ser enviado para retornar o retornar para ser enviado?

Hay una canción del músico misionero Joselo Schuap, que cuenta la historia de un hombre al que todos consideraban “el loco del pueblo”. Un hombre al que todos ven como poca cosa y que en realidad hacían de todo para hacer de cuenta de que no existía. Las burlas y las carcajadas tenían la intención de disminuirlo en su humanidad, rebajarlo a la nada si fuera posible. Llevarlo casi al terreno de la no existencia, si fuera necesario. Colocarlo lo más lejos posible de toda convivencia social. El “loco del pueblo” pasaba sus días en una estación de servicio, viendo pasar a la gente, no tenía amigos, ni familia. Triste y muy solitaria era su vida y lo más duro de todo es que la historia es absolutamente real.

Con esta imágen, del hombre que existe, pero nadie quiere que exista, vamos a compartir el Evangelio de hoy en Lucas 17: 11 – 19

Lucas 17: 11 – 19:
En su camino a Jerusalén, Jesús pasó entre Samaria y Galilea. Al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se quedaron a cierta distancia de él, y levantando la voz le dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Cuando él los vio, les dijo: «Vayan y preséntense ante los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras ellos iban de camino, quedaron limpios. Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, volvió alabando a Dios a voz en cuello, y rostro en tierra se arrojó a los pies de Jesús y le dio las gracias. Este hombre era samaritano. Jesús dijo: «¿No eran diez los que fueron limpiados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo quien volviera y alabara a Dios sino este extranjero?» Y al samaritano le dijo: «Levántate y vete. Tu fe te ha salvado».

Los leprosos eran como los locos del pueblo de la canción de Joselo Schuap. Totalmente aislados del mundo, con el agregado de que además se los consideraba culpables de su enfermedad. Socialmente se creía que las personas se enfermaban por castigo de Dios y por culpa de sus pecados. Los leprosos cargaban sobre sus espaldas un peso muy grande: el de sentirse lo peor de la sociedad y encima estaban convencido de que no tenían ningún tipo de derecho o posibilidad de vivir dígnamente. Por eso vivían aislados y lejos de todo. Estar enfermo de lepra era casi tener fimada una sentencia de muerte.

La ciudad del futuro

En este mundo no tenemos una ciudad que permanezca para siempre, sino que vamos en busca de la ciudad futura.
Hebreos 13: 14

Al comenzar a predicar, el pastor hace una dinámica en la que simula atender una llamada telefónica en la que una vendedora intentaba venderle un producto.
Seguramente les ha pasado alguna vez, esto de sentirse obligados a tomar una decisión, que por otro lado puede ser únicamente la de aceptar lo que se nos ofrece. En este tipo de ofrecimiento, no vale otra respuesta que no sea, “si, pago”.
Esto es un reflejo más del tiempo del impulso en el que vivimos actualmente. El tiempo en el cual las decisiones se toman a partir de un impulso, el tiempo lo medimos de ese modo, nuestros gastos los decidimos de esa manera y hasta los vínculos humanos se suelen mediar  con ese método. Una sociedad que por otro lado nos dice que para “ser”, hay que “tener”. “Si tenés algo, sos alguien”.
Esta búsqueda desenfrenada nos hace recordar que de la misma manera que antes las personas debían justificarse frente a Dios, hoy necesitan justificarse ante la sociedad y el modo de hacerlo es a través del consumo. Sólo quien compra y consume existe y así competimos los unos con los otros, en esa alocada carrera en la que el mundo nos ha metido.

Sosteniendo entre todos

(mensaje compartido en el culto de Pentecostés, celebrado por todas las comunidades de Misiones en la Fiesta Distrital celebrada en la comunidad de Montecarlo)

Hoy tengo en mis manos un vaso por la mitad. La mitad llena y la mitad vacía. ¿Cuál es la pregunta que todos estamos esperando?.
"¿Está medio lleno o medio vacío?"
Sin embargo, lo que yo voy a preguntar hoy es: - ¿Cuánto pesa este vaso?
(permitir que la gente arriesgue un resultado).
(Tener un sobre con el peso exacto escrito en un papel)
Así como el viejo dilema del vaso medio lleno o medio vacío, el peso en este caso es importante, para el ejemplo que vamos a tomar para el mensaje.
¿Por qué es importante el peso?
Vamos a pedir a nuestro voluntario que se acerque.
(Cuando el voluntario se acerca entregarle el vaso y pedirle que lo sostenga de modo que extienda su brazo, manteniendo el vaso en el aire.)
(Pedirle que avise cuando está cansado)
Se dan cuenta por qué el peso es importante.
El peso del vaso es de 250 gramos y puede parecer una pavada y una medida insignificante si lo comparamos con otros volúmenes de peso. Algo sencillo de sostener con la mano. Pero por supuesto que todo depende del tiempo que nos toque hacerlo y sobre todo, como en este caso, el modo de sostenerlo..
El peso verdadero de las cosas solamente lo podemos medir cuando nos toca sostenerlo y depende siempre del tiempo que lo tengo que hacer.

Volver a empezar

Compartimos hoy un audio con la reflexión sobre el texto de Juan 21: 1 - 14 compartida durante la celebración comunitaria en Posadas el 14 de abril de 2013


Reflexión del pastor Eugenio Albrecht

No morir en el Viernes

En este Viernes Santo queremos compartir una reflexión en la que tomamos como símbolo una historia real publicada en el sitio Yahoo. En ella se percibe, de manera cruel y emocionante, el testimonio de alguien que se resistió frente al atropello y la muerte.

El sitio Yahoo.com.ar publica al respecto:

Este es el relato de otro de esos pequeños actos heroicos y anónimos y cuya fotografía pasó prácticamente desapercibida en su día (1936). Ocho décadas después (y gracias a Internet) ha dado la vuelta al mundo, convirtiéndose en todo un icono y ejemplo para las nuevas generaciones que luchan contra el abuso y la injusticia.
August Landmesser con los brazos cruzados entre la multitudAugust Landmesser con los brazos cruzados entre la multitud
El protagonista se llamaba August Landmesser y pasará a la Historia poraparecer en una fotografía en la que sale con los brazos cruzados en un acto en el que estaba presente Adolf Hitler, mientras centenares de personas saludaban con el brazo alzado.
Fue un acto de protesta y rebeldía contra un modelo de régimen político con el que no estaba de acuerdo y que años después le reportaría grandes problemas a él y su familia.
Por aquella época August Landmesser trabajaba como obrero en los astilleros de Blohm und Voss (Hamburgo), un puesto de trabajo que había conseguido gracias a su afiliación al Partido Nacionalsocialista en 1931, a pesar de ser unos ideales a los que no era afín, pero muy necesario pertenecer y tener el carné si se quería acceder a un empleo estable en unos años en los que el poder y control de los nazis era total y absoluto.

August se había casado en 1935 con Irma Eckler, una mujer de ascendencia judía, pero la aprobación por parte del gobierno de la Ley de Protección de la Sangre Alemana y el Honor Alemán invalidaba el matrimonio colocándolos en una peligrosa posición y figurando la relación entre ambos, desde aquel momento, como extraconyugal, lo que les hacía estar fuera de la ley y más al tratarse de una persona aria y otra judía.

Fue entonces cuando el 12 de junio de 1936 se produjo el acto en el que Adolf Hitler fue a presidir en los astilleros de Blohm und Voss. Tras su llegada todos los presentes alzaron su brazo derecho a modo de saludo a su Führer… todos menos uno: August Landmesser, quien se quedó con los brazos cruzados, como un modo de protesta pacífica hacia la injusticia que había sufrido junto a su amada Irma y su recién nacida hija Ingrid (un año después tendrían una segunda hija Irene).
El hombre que negó su saludo a Hitler y se cruzó de brazosEl hombre que negó su saludo a Hitler y se cruzó de brazos
A partir de ahí empezó un auténtico calvario para la familia Landmesser, teniendo que pasar por innumerables juicios y siendo finalmente separados: una de las niñas se quedó con la abuela, la otra fue a parar a un orfanato y August e Irma a un campo de trabajo diferente. Jamás volverían a estar juntos.
La última noticia que se tuvo de August Landmesser es de 1941, cuando tras salir de prisión fue enviado a combatir a la guerra y allí se le dio por desaparecido.
No fue hasta el año 1991 en el que de una manera casual Irene Landmesser descubrió en un diario alemán la fotografía e identificó a su padre como el hombre de los brazos cruzados que tantas décadas llevaba en el anonimato.

Basándose en esta historia, el pastor Eugenio Albrecht reflexiona del siguiente modo. Lo compartimos a través de este audio de la predicación de este viernes Santo durante el culto en la comunidad de Oberá.

Humanizando vínculos

Compartimos el audio de la reflexión del pastor Eugenio Albrecht sobre Juan 8: 1 - 11 (la mujer adultera) del día 17 de marzo de 2013. Grabada durante la celebración de la comunidad de Picada Sueca el quinto domingo de Cuaresma