Pero cuando venga el Consolador, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre y a quien yo les enviaré de parte del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio (Juan 15: 26 - 27)
Muchos niños (dicen que el 50 % de los niños) utilizan algún elemento para dormir y en el cual buscar una especie de compañía. Algunos se aferran a un oso de peluche, otros a un trapito que siempre tiene que ser el mismo y no puede ser cambiado, otros a un chupete, otros a una almohada. Quizás eso mismo le haya sucedido a muchos de ustedes. Son además recuerdos muy lindos para los padres: recordar este tipo de cosas, especialmente ante la realidad de que sus hijos ya están crecidos y grandes.
Lo que el niño busca en este tipo de cosas es seguridad, sentirse acompañado, sentirse consolado. Casí sin darse cuenta, se aferra a un elemento que le ayuda a encontrar tranquilidad y paz en medio de la noche.
Este simple ejemplo nos puede ayudar a los adultos a pensar sobre cuáles son las cosas ante las cuales nos sentimos inseguros. No hablo ahora de los robos y esto tan desagradable y cada vez más común en nuestro medio.
Una mirada hacia las actitudes y comportamientos que solemos tener, nos podría hacer mencionar, entre otras cosas la inseguridad que generan: los cambios, las cosas nuevas, la situación de tener asumir nuevos desafíos en la vida, encontrarse ante la situación de no conocer lo que vendrá, no tener en claro el futuro en cuanto a lo económico, el miedo a la frustración, la dependencia emocional, sentirse desprotegido, cuando uno se siente que está sólo y hay decisiones y caminos que enfrentar y sin embargo siente que todo el peso recae sobre uno mismo. Y podríamos agregar varias otras cosas a nivel personal, cosas que nos tocan y que a veces nos dejan dubitativos. Cosas que no sabemos como manejar. Eso es lo que genera la situación de sentir inseguridad.
En verdad el algo inherente a la vida la necesidad de sentirse contenidos. Es casi una necesidad básica. Por eso, ante la mínima sensación de inestabilidad puede aparecer todo ese abanico de situaciónes en las que se refleja la inseguridad, como les comentaba recién.
Ahora bien, muchas veces ante esta amenaza latente que puede ser la inseguridad que puede ver por varios factores que hemos mencionado (futuro económico, cambios, fracaso, etc) algunas veces queriendo prevenirse ante la inseguridad, el ser humano se termina aferrando a falsas seguridades. Entonces puede ocurrir, que al igual que el niño que busca fortaleza en un osito de peluche, nos terminamos aferrando a ciertas cosas, creyendo que con ellas estaremos a salvo. ¿Cuáles serán los chupetes que nos entretienen una vez que dejamos el chupete y el oso de peluche?. A veces esta necesidad de tener de antemano cosas que nos ayudan a aferrarnos creo que nos juega una mala pasada. Más de una vez, a través de estos chupetes creemos que estamos a salvo, pero recién cuando nos suceden cosas difíciles de verdad podemos entender por donde pasa la seguridad y que lo único que salva es la posibilidad de confiar en Dios. Ahí podemos comprender esto que muchas veces se escucha decir que lo demás es realmente pasajero y efimero... que va y viene. Esto no es una frase hecha, porque realmente es así.
Algunas veces los osos de peluche y los chupetes de los que nos agarramos nos hacen olvidar que finalmente, ante Dios todos nos presentaremos tal cual hemos como hemos venido al mundo, sin nada. Sólos frente a Dios. Ahí nos ingualamos todos.
Por eso es muy importante preguntarnos ahora en qué / quién nos aferramos cuando nos sentimos solos o desamparados.
Ayer me decía una señora que está prácticamente sola en el mundo, porque no tiene a nadie: sus hijos están lejos, parientes casi no tiene... Yo entonces le preguntaba sobre su soledad y sobre el hecho de tener que vivir practicamente sin poder contar con nadie, más allá de sus amigos y conocidos. Ella entonces me respondió: “Yo no estoy sola, en medio de la noche yo se que hay alguien que me acompaña”.
Una situación de desamparo, era lo que le tocaba a la comunidad a la que el Evangelista Juan escribe el texto que hemos leído. Esa comunidad eran un pequeño grupo, en medio de una inmensa mayoría abrumadora de judíos ortodoxos. Nosotros sabemos lo que significa ser una iglesia minoritaria y ser atacado por mayorías y además encontrarnos ante la necesidad de explicar quienes somos y como es nuestro modo de vivir la fe. Eso le sucedía a esa pequeña comunidad que aún ni tenía plena certeza de lo que significaba su fe en Jesús. A ellos les hace recordar lo que Jesús les decía a los discípulos: “aunque yo ya no esté en cuerpo con ustedes, les envío otro consolador...”. Alguien que consuele y que en medio de la inseguridad. En algunas versiones de la Biblia se usa la palabra paracleta. Paracleta significa “abogado defensor”. Fijénse a quien nos envía Jesús, un defensor que es capaz de batallar con nosotros hasta la última lucha de nuestra vida. Así como el abogado defiende al inocente en el juicio. Así, Dios nos envía el Espíritu Santo, para defendernos... aún cuando creemos que la batalla ya está perdida y que no tiene sentido batallarla, como pudo haber pasado en la comunidad de Juan, una comunidad minoritaria que sentía el bombardeo y el contínuo ataque.
Como diciendo: “Acuerdense, ustedes tienen un defensor”. Ese es el Espíritu Santo. La fiesta de pentecostés es eso. Hoy celebramos la llegada de ese defensor de cada uno de nosotros.
Quiera Dios hacernos acordar esto. Hacernos recordar que Él ya nos ha enviado uno para estar a nuestro lado.
¿No lo vemos?. Con los ojos no... pero sí es posible darnos cuenta de su presencia y su acción en nuestro medio. Así como cuando encendemos un ventilador y no podemos ver el viento, pero sí sentir su efecto... también así podemos sentir la presencia del paracleto, del ES, en la oración, en el encuetro comunitario, en la mano del otro, en la oportunidad de servir, en la oportunidad de poder sentirme en comunión... podemos sentir.
Así como vino, nunca se fue y sigue habitando entre nosotros.
Que podamos recordar esto, especialmente en aquellas situaciones en las que nos aferramos a las falsas seguridades y los osos de peluches y chupetes a los que nos agarramos. Y también en las otras tantas veces en las que sentimos que no hay nadie que es capaz de defendernos y batallar con nosotros. Dios sí es capaz de hacerlo. Amén
Eugenio Albrecht
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